Vila-Matasen bat.

Duela pare bat urte, Enrique Vila-Matasek honako idatzia bidali zidan posta elektronikoz. “Te envío una aspirina” esaten zidan. Ez dakienarentzat, esan dezadan, Vila-Matasek askotan egiten dituela halako testutxoak, halako “aspirinak”. Gero, labur horietan oinarrituz, lan luzeagoak egin ohi ditu. Hemen datorren “aspirina” hau ez zuen azkenean argitaratu, nik dakidala, behintzat, baina ziur naiz EL DOCTOR PASAVENTO bere azken eleberriaren oinarrian egon zela. Niri primerakoa iruditzen zait, zoragarriro biltzen baititu VMren ohiko kezka literarioak. Irrigarria da oso. Ea zeuri zer iruditzen.

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Se acabó el champagne y se desvanecieron las sindicadas musas, que se evaporaron de mi imaginación con las últimas burbujas. Me preparé para lo peor. Tratando de retrasar la llegada de las ideas negras, me puse a hojear Cinco escritores vascos, entrevistas de Hasier Etxeberria. Uno de los cinco era Bernardo Atxaga y de golpe entré de lleno en algo que él decía de otro de los entrevistados, de Joseba Sarrionandia: “Siempre tuvo una tendencia muy marcada a ocultarse. Aunque esté en casa, parece que no está” (…) Yo me he acostumbrado a decirle que el primer camino es el de la metaliteratura, pero que ése es también un camino con muchas limitaciones”.
Dejando aparte que Sarrionandia conocía el arte de la desaparición para el que yo parecía no estar demasiado dotado (“aunque esté en casa, parece que no está”), sentí que el resto de aquellas palabras podía aplicármelas a mí mismo. Y no tardé en descubrir que precisamente en aquel libro de entrevistas se había estado agazapando la anunciada visita de la crisis pasajera. Comencé a oír la voz de mi conciencia crítica más negra y más activa, la que, sin pedir permiso, surgió arrolladoramente de mi interior y pasó a decirme que estaba yo demasiado orgulloso de haber introducido lo ensayístico en mis novelas y que a la larga pensar como pensaba yo que la antigua ingenuidad de narrar no estaba ya a la altura del desarrollo de la inteligencia, podía acabar siendo una trampa mortal para mi escritura.
“Cuesta mucho aceptarlo”, me dijo la antipática voz, “cuesta tener que reconocer que si se reivindica el derecho a no querer narrar si no es en compañía de lo ensayístico, será necesario, por supuesto, ser capaz de hacerlo, y tú puedes narrar pasablemente, pero lo que narras lo vienes situando últimamente en un segundo lugar. En ese caso, ¿qué sitúas en el primero?”
Me negué a contestar, y así se lo hice saber. “No contesto, voz”. Le pedí incluso que retirara sus palabras. Prefería el riesgo que comportaba mi estilo, le dije, a las narraciones de siempre, una y mil vez ya contadas. Me machacó con una nueva pregunta, quiso saber si no me parecía una pérdida de tiempo haberme alineado con los escritores europeos que a finales del siglo pasado reivindicaban una determinada atmósfera moral e inventaron para ella la novela-ensayo.
¿Se había inventado la novela-ensayo a finales del XX, tal como decía mi conciencia crítica? Tenía mis dudas. Por otra parte, ¿era un buen consejo insinuarme que regresara a la narración pura y simple como si fuera yo un pobre ingenuo? Me resistía a algo así y decidí defenderme. Le expliqué que necesitaba mezclar los géneros porque la vida misma era una mezcla. “Me parece una respuesta muy simplona”, me dijo, y se desvaneció su voz, se marchó, o se retiró a una prudente distancia, no sabría decir muy bien adónde fue durante unos segundos. El hecho es que no se fue del todo, pues fui lo suficientemente hábil como para introducirme mentalmente en ella, del mismo modo que, si uno quiere, puede introducirse en aquello que le amenaza. Pasó un rato. Durante ese rato no pasó nada. Como si hubiera muerto. Y después, de pronto, una disparatada bomba mental llegó directamente a mi cerebro en forma de esperanza de haber sido elegido para la transformación de la historia de la novela. De tanta risa que me dio esto, estuve a punto de romper a llorar. No lo hice, pero durante unos segundos sostuve con las manos mi maltratada cabeza. Y todo aquello no hizo más que agrandar mis ansias de desaparecer. Pero pronto vi que, paradójicamente, para poder estar en condiciones de intentar desaparecer, debía antes reconciliarme, reencontrarme conmigo mismo, recordar cuál era -aunque fuera el eco de otra- mi voz. Entre voces andaba el juego. Y me acordé de pronto de las de Robert Walser, esas voces que comenzó a oír en los días en que sintió sus primeras perturbaciones mentales, esas voces que un psiquiatra de Waldau, un médico de su primer manicomio, calificó de “simples alucinaciones acústicas”.
Terminé pidiendo una aspirina. La vida es así. En los momentos en los que todo está en juego, uno pide ayuda a la azafata, que es, por cierto, una manera como otra de no desaparecer.

Hasier Etxeberria

ALUA MUNDUA ! Idazlea, kazetaria, gidoigilea, blogaria... Euskaldunon Egunkaria eta ZuZeuren sortzaileetakoa. ETBn hamaika saio zuzendu eta aurkeztutakoa. (Argitaratutako Liburuak)

2 pentsamendu “Vila-Matasen bat.”-ri buruz

  • Aspirina eraginkorra benetan. Sekulako buruko mina piztu dit!

  • Vila Matasek egiten duen konzientzia moralaren konbertsazioa edo eta ez dut ulertzen edo eta bere buruari egiten dion nahitazko anabasa da . Agian egiten duen formagatik ez zait gustatzen ez berez beste gauza bat espero daitekeelako . Daiteke ?

    Zer da metaliteratura ? eta googlen jarri dut metaliteratura , eta Vila Matasen artikulu bat agertzen da ; metaliteratura ez dela existititzen .

    A! eta zer da ?

    Sarrik , azkenaldian sarri baina sarriago kolosala den presentzia du toki guztietan . Hedabideak… intelektual guztien ahotan agertzeko desagertua izaterik besterik ez dagoela .
    Ja, laister hasiko naiz galdetzen existitzen da Sarri ? Nor da baina ?
    Bi ba tu !

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